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Diríase que hoy la existencia de ambos se volvió innecesaria. En su lugar nosotros tenemos el noticiario de las tres de la tarde y el top40 de la emisora de moda, tenemos el periódico a primera hora de la mañana y su versión digital en la red, tenemos los reportajes de actualidad, las revistas, la exclusiva, el riguroso directo... ¡Pobres juglares! ¡Pobres trovadores! ¡Acabaron saliendo despedidos del mundo a causa de la fuerza centrífuga de un susodicho que giraba a demasiada velocidad para ellos!
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Sin bien, por suerte para ambos, aún hay quienes necesitan bajarse del mundo de vez en cuando para recuperar el aliento y dejar que, al menos por un breve instante, la Tierra siga girando sin ellos a bordo.
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Es en ese lugar, en el apeadero del mundo, donde juglares y trovadores siguen subsistiendo. Los acontecimientos los han vuelto bohemios, aunque adoptaron una bohemia diferente, en la que para cantar han de robarle tiempo al minutero y en el que vender los versos es una prostitución casi inadmisible.
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Algunos siguen llevando guitarras, pero son los menos. Algunos siguen buscando rimas, aunque ya no es obligado. Tampoco recorren ya los caminos, pero es el mundo el que los mira. Trovadores y juglares siguen vivos, sí, pero no los reconocemos, porque su aspecto ha cambiando y deambulan entre nosotros sin llamar nuestra atención, embozados en sus disfraz de persona común. Sin embargo, están aquí, en mitad del gentío; pero sólo los que frecuentamos la blogosfera los hemos desenmascarado...
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Imagen extraída del artículo sobre la exposición "La Epopeya de los Trovadores" del Instituto Cervantes.




2 comentarios:
Un placer pasear por tu espacio y leerte.
Prometo volver pronto.
Te abrazo
MentesSueltas
Tienes razón Auxi. Están ahí.
Cada uno a su manera expresan, cantan, transmiten, enseñan y nos hacen descubrir lo que se esconde.
Como ese juglar de los nueve mares...
Abrazos
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